Hoy me levanté con ánimos de navegar mi bici. El clima aún se siente fresco, pero acostumbrado como estoy a los -20ºC del invierno los 9ºC de hoy fueron un respiro. Me puse un par de zapatos deportivos, un abrigo rompevientos y salí a dar un paseo. Mientras pedaleaba por las calles de Rosemont me iba preguntando de qué podría escribir en este artículo. Tengo muchas ideas que cruzan mi mente, pero el día no está para explicaciones detalladas ni reflexiones profundas. Mi cabeza se tomó muy a pecho el hecho de que hoy sea día feriado.
Esta semana ha sido un constante vaivén de ideas nuevas, de alegrías y empujones al corazón. Estamos como subidos en una montaña rusa que no para de llevarnos de un lado para otro. Nos levantamos a mitad de la madrugada con ideas frescas que nos cambiarán la vida. Y volvemos a dormir. Ni siquiera Udon sabe si quiere ser un gato callejero… o no.
La verdad la semana estuvo plagada de esos sentimientos de autocompasión, crisis existencialista y pensamientos negativos. Haberme convertido en Minimalista me ha dado mucha tranquilidad pero en el fondo sentía que seguía haciendo algo mal.
Como cosa rara entré por la salida. Empecé a botar, regalar, donar cosas. Cosas materiales que me estorbaban y no sabía que hacer con ellas. Pero el corazón y la cabeza seguía reciclando recuerdos, sentimientos, pensamientos. Mientras más botaba cosas, más pensaba.
Por primera vez en mucho tiempo reflexioné. Dejé de pensar y reflexioné. Me tomé el tiempo para no hacer nada, no pensar y hablar por teléfono, no pensar y leer, no pensar y comer, no pensar y acariciar a Udón. Reflexioné acerca de todo lo que he vivido estos últimos meses y creo que di con el problema y por ende con la bendita solución.
Entendí que ser minimalista no significa vestir de blanco, vivir en un cajón y andar regalando por ahí lo que con tanto esfuerzo conseguiste. Esto es solo parte de tu estilo de vida, pero no es el todo. Regalar aquellas cosas que te estorban o de las que me volví esclavo es solo la respuesta a un por qué. Pero a mi ya se me había olvidado el por qué.
¿Por qué estoy deshaciéndome de todo?, para tener más tiempo. Tiempo para disfrutar, para hacer las cosas que en realidad me gustan. Sin embargo seguía haciendo lo mismo, levantándome rápido al trabajo, corriendo para alcanzar el bus, comiendo parado o lo más rápido posible.
Al fin lo entendí. No son las cosas lo que me hace feliz, ni tenerlas ni no tenerlas, es el espacio de tiempo que aquellas cosas me dejaron para disfrutar el camino, no para llegar lo más rápido posible a la meta. Cuando toda la comida te sabe igual, cuando ya no disfrutas las cosas que antes disfrutabas hacer, cuando has perdido el camino es por que seguramente estás empezando a hacer las cosas como un autómata.
Eso me pasó a mi, era donmultitask, un señor que hacía dos y hasta tres cosas a la vez. ¿Para qué tener más tiempo si no disfruto cada acción que ejecuto? No tiene ningún sentido.
Estas fueron las reflexiones de esta semana, pero por fin veo un claro en este bosque de la vida. On verra cette semaine.
Escrito por Kazu